Preparando material para ayudar a tu prima encontré esta presentación:
Presentación sobre Metodologías ágiles.
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viernes, 17 de febrero de 2017
lunes, 8 de agosto de 2016
Cuando un amigo se va...
Los versos de Alberto Cortez sirvieron de marco para la reunión que, con motivo del viaje de nuestros amigos , tuvimos ayer en casa de tu tía.
CUANDO UN AMIGO SE VA
Cuando un amigo se va
queda un espacio vacío,
que no lo puede llenar
la llegada de otro amigo.
Cuando un amigo se va,
queda un tizón encendido
que no se puede apagar
ni con las aguas de un río.
Cuando un amigo se va,
una estrella se ha perdido,
la que ilumina el lugar
donde hay un niño dormido.
Cuando un amigo se va
se detienen los caminos
y se empieza a rebelar,
el duende manso del vino.
Cuando un amigo se va
galopando su destino,
empieza el alma a vibrar
porque se llena de frío.
Cuando un amigo se va,
queda un terreno baldío
que quiere el tiempo llenar
con las piedras del hastío.
Cuando un amigo se va,
se queda un árbol caído
que ya no vuelve a brotar
porque el viento lo ha vencido.
Cuando un amigo se va,
queda un espacio vacío,
que no lo puede llenar
la llegada de otro amigo.
Letra: Alberto Cortez
Música: Alberto Cortez
(http://www.albertocortez.com/canciones/detail.asp?id=39)
No son fáciles las despedidas, especialmente cuando se avizora un largo período de ausencia. Pero cuando sabemos los motivos por los cuales nuestros amigos se ausentan, no queda más que ayudarlos a irse bien y quedarnos nosostros con esa nostalgia pequeñita que nos patea el estómago y nos aturde el sentido.
Duele...
Pero tu sabes, y ellos también, que Jehová, nuestro común gran amigo siempre estará vigilante, cuidando de cada uno: de ellos y de nosostros, en dondequiera que nos encontremos.
Y eso hace que duela un poquito menos...
Amigos y nada más... El resto: la selva.
Hermanos... y nada más. El resto: el mundo.
CUANDO UN AMIGO SE VA
Cuando un amigo se va
queda un espacio vacío,
que no lo puede llenar
la llegada de otro amigo.
Cuando un amigo se va,
queda un tizón encendido
que no se puede apagar
ni con las aguas de un río.
Cuando un amigo se va,
una estrella se ha perdido,
la que ilumina el lugar
donde hay un niño dormido.
Cuando un amigo se va
se detienen los caminos
y se empieza a rebelar,
el duende manso del vino.
Cuando un amigo se va
galopando su destino,
empieza el alma a vibrar
porque se llena de frío.
Cuando un amigo se va,
queda un terreno baldío
que quiere el tiempo llenar
con las piedras del hastío.
Cuando un amigo se va,
se queda un árbol caído
que ya no vuelve a brotar
porque el viento lo ha vencido.
Cuando un amigo se va,
queda un espacio vacío,
que no lo puede llenar
la llegada de otro amigo.
Letra: Alberto Cortez
Música: Alberto Cortez
(http://www.albertocortez.com/canciones/detail.asp?id=39)
No son fáciles las despedidas, especialmente cuando se avizora un largo período de ausencia. Pero cuando sabemos los motivos por los cuales nuestros amigos se ausentan, no queda más que ayudarlos a irse bien y quedarnos nosostros con esa nostalgia pequeñita que nos patea el estómago y nos aturde el sentido.
Duele...
Pero tu sabes, y ellos también, que Jehová, nuestro común gran amigo siempre estará vigilante, cuidando de cada uno: de ellos y de nosostros, en dondequiera que nos encontremos.
Y eso hace que duela un poquito menos...
Amigos y nada más... El resto: la selva.
Hermanos... y nada más. El resto: el mundo.
lunes, 4 de abril de 2016
Poema de Giordano Bruno a sus verdugos
![]() |
| Giordano Bruno |
Poema de Giordano Bruno a sus verdugos
Decid, ¿cúal es mi crimen? ¿lo sospecháis siquiera?
Y me acusáis, ¡sabiendo que nunca delinquí!
Quemadme, que mañana, donde encendáis la hoguera,
levantará la historia una estatua para mí.
Yo sé que me condena vuestra demencia suma.
¿Por qué?…Porque las luces busqué de la verdad.
No en vuestra falsa ciencia que el pensamiento abruma
con dogmas y con mitos robados a otra edad,
sino en el libro eterno del Universo mundo,
que encierra entre sus folios de inmensa duración
los gérmenes benditos de un porvenir fecundo
basado en la justicia, fundado en la razón.
Y bien, sabéis que el hombre, si busca en su conciencia
la causa de las causas, el último por qué,
ha de trocar muy pronto, la Biblia por la ciencia,
los templos por la escuela, la razón por la fe.
Yo sé que esto os asusta, como os asusta todo,
todo lo grande, y quisierais poderme desmentir.
Más aún, vuestras conciencias, hundidas en el lodo
de un servilismo que hace de lástima gemir…
Aún allá, en el fondo, bien saben que la idea
es intangible, eterna, divina, inmaterial…
Que no es ella el Dios y la religión vuestra,
sino la que forma con sus cambios, la historia universal.
Que es ella la que saca la vida del osario,
la que convierte al hombre, de polvo, en creador,
la que escribió con sangre la escena del calvario,
después de haber escrito con luz, la de Tabor.
Mas sois siempre los mismos, los viejos fariseos,
los que oran y se postran donde los puedan ver,
fingiendo fe, sois falsos llamando a Dios, ateos,
¡chacales que un cadáver buscáis para roer!…
¿Cúal es vuestra doctrina? Tejido de patrañas;
vuestra ortodoxia, embuste; vuestro patriarca, un rey;
leyenda vuestra historia, fantástica y extraña;
vuestra razón la fuerza; y el oro vuestra ley.
Tenéis todos los vicios que antaño los gentiles.
Tenéis las bacanales, su pérfida maldad;
como ellos sois farsantes, hipócritas y viles.
Queréis, como quisieron, matar a la verdad;
Mas…¡Vano vuestro empeño!…Si en esto vence alguno;
soy yo porque la historia dirá en lo porvenir:
“Respeto a los que mueren como muriera Bruno”.
Y en cambio vuestros nombres…¿quién los podrá decir?
¡Ah!…Prefiero mil veces mi muerte a vuestra suerte.
Morir como yo muero…no es una muerte ¡no!
Morir así es la vida; vuestro vivir, la muerte.
Por eso habrá quien triunfe, y no es Roma, ¡soy Yo!
Decid a vuestro Papa, vuestro señor y dueño,
decidle que a la muerte me entrego como un sueño,
porque es la muerte un sueño, que nos conduce a Dios…
Más no a ese Dios siniestro, con vicios y pasiones
que al hombre da la vida y al par su maldición,
sino a ese Dios-Idea, que en mil evoluciones
da a la materia forma, y vida a la creación.
No al Dios de las batallas, sí al Dios del pensamiento,
al Dios de la conciencia, al Dios que vive en mí.
Al Dios que anima el fuego, la luz, la tierra, el viento,
al Dios de las bondades, no al Dios de ira sin fin.
Decidle que diez años, con fiebre, con delirio,
con hambre, no pudieron mi voluntad quebrar.
Que niegue Pedro al Maestro Jesús, que a mí ante el martirio
de la verdad que sepa, no me haréis apostatar.
¡Mas basta!… ¡Yo os aguardo! Dad fin a vuestra obra.
¡Cobardes! ¿Qué os detiene?… ¿Teméis al porvenir?
¡Ah!… Tembláis… Es porque os falta la fe que a mí me sobra…
Miradme…Yo no tiemblo… ¡Y soy quien va a morir!…
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